Por qué a veces hay que quitar encía para salvar el diente

Sonrisa vista de cerca en la que se aprecian los dientes y la línea de la encía

Suena al revés de lo que debería ser. El paciente llega preocupado porque le está bajando la encía, y en la consulta le explicamos que parte del plan pasa por retirar todavía más tejido. La reacción habitual es de desconcierto, y se entiende. La explicación tiene sentido en cuanto se ve qué hace realmente una encía enferma alrededor de un diente.

Qué es la retracción de encías

El nombre técnico es recesión gingival. El margen de la encía se desplaza hacia la raíz y deja al descubierto una parte del diente que debería estar tapada. Esa zona no tiene esmalte, así que queda expuesta al frío, al cepillo y a las bacterias con muchísima menos protección.

Lo primero que suele notar el paciente es sensibilidad. Un pinchazo al beber agua fría, o al respirar hondo en la calle un día de invierno. También aparece un diente que parece más largo que sus vecinos, y ese cambio en el aspecto es lo que más empuja a pedir cita, más que la molestia.

Conviene separar dos cosas que se confunden. Una encía puede retraerse por un motivo mecánico y quedarse ahí, localizada y estable durante años. Otra cosa muy distinta es la retracción provocada por una enfermedad de las encías, que va acompañada de inflamación, sangrado, mal aliento y pérdida progresiva de hueso. La primera se vigila. La segunda se trata.

Por qué se retrae

Periodontitis

Es la causa más seria. Una infección bacteriana instalada bajo la encía va destruyendo los tejidos que sujetan el diente, incluido el hueso. Empieza casi siempre como una gingivitis: encías rojas que sangran al cepillarse, reversible si se ataja. Cuando esa inflamación se cronifica y baja hacia el hueso, ya hablamos de periodontitis y el daño no se recupera solo.

El cepillado que hace daño

Este pilla por sorpresa. Cepillarse con demasiada fuerza, o con un cepillo de cerdas duras, desgasta la encía igual que una lija. Muchos pacientes con recesión tienen una higiene impecable; el problema no es que se laven poco, es que se lavan con demasiado ímpetu. La fuerza no limpia mejor. Lo que limpia es la técnica y el tiempo.

Lo que no está en tu mano

Hay gente que nace con una encía fina y poco tejido de soporte, y esa constitución la hace más vulnerable aunque haga todo bien. Con los años el tejido pierde grosor y elasticidad de forma natural, así que cierta retracción es esperable a partir de determinada edad. El tabaco acelera el proceso de manera notable. Y también influyen el bruxismo, los cambios hormonales, algunas enfermedades generales y ciertos medicamentos.

Cuando la recesión aparece en alguien joven, casi nunca es cosa de la edad. Ahí hay que buscar la causa.

La paradoja: retirar tejido para conservar la pieza

Volvamos al principio. Cuando la periodontitis avanza, se forman bolsas periodontales: huecos entre la encía y el diente donde las bacterias se instalan a salvo del cepillo. Ahí no llega nada. Ni el cepillo, ni la seda, ni el colutorio.

Esa encía despegada ya no protege. Ha dejado de hacer su trabajo y ahora hace el contrario: da cobijo a la infección que está devorando el hueso de debajo. Conservarla por conservarla significa mantener abierto el foco.

Por eso, en determinados casos, el periodoncista retira el tejido inflamado o necrótico. Al eliminar la bolsa se elimina el refugio bacteriano, la zona vuelve a ser accesible al cepillo y la enfermedad deja de avanzar. Se sacrifica encía enferma para salvar el hueso que sujeta el diente, que es lo que de verdad decide si la pieza se queda o se va.

No es la primera opción ni se hace a la ligera. Es una decisión clínica que se toma tras medir las bolsas con sonda y ver las radiografías, dentro de un tratamiento de periodoncia completo.

Qué opciones hay

Antes de cualquier cirugía va el raspado y alisado radicular, que muchos pacientes conocen como curetaje. Se limpia el sarro alojado bajo la encía, por debajo de donde llega una higiene normal, y se alisa la superficie de la raíz para que la encía vuelva a adherirse. Se hace con anestesia y por zonas. En bastantes casos con esto basta.

Si la raíz ha quedado muy expuesta, cabe el camino contrario: un injerto de encía. Se aporta tejido para cubrir lo que se ha perdido, lo que reduce la sensibilidad, protege la raíz y mejora el aspecto. Injertar y retirar no son opciones enfrentadas, sino decisiones distintas para situaciones distintas, y a veces se combinan en el mismo tratamiento.

Cuando la pérdida de hueso es tan grande que el diente ya no tiene sujeción posible, la conversación cambia. Ahí se plantean los implantes dentales, que sustituyen la raíz y devuelven la función masticatoria. Es el último recurso, no el atajo.

Cómo se previene

Cepillo de cerdas suaves, siempre. Movimientos cortos y suaves en la unión del diente con la encía, sin frotar en horizontal como si estuvieras serrando. Dos minutos de reloj: casi todo el mundo cree que se cepilla ese tiempo y casi nadie llega.

Seda o cepillo interdental a diario, con cuidado de no clavarlo en la encía. Nada de tabaco, que aquí pesa más de lo que la gente imagina. Y revisiones periódicas, porque el sangrado al cepillarse no es normal por mucho que se haya normalizado, y es la señal que aparece años antes de que nada se retraiga.

En nuestra clínica de Villanueva de la Cañada medimos las encías en la primera visita, que es una exploración de dos minutos y dice bastante más que mirar los dientes. Si te sangra la encía o notas algún diente más largo que antes, pide cita sin dejarlo correr.

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