Por qué duele una muela con endodoncia hecha

Muela extraída con una caries profunda que llega al interior del diente

Es una de las llamadas que más desconcierto traen. «Me hicieron la endodoncia hace tres años y ahora me duele otra vez, ¿no me habían quitado el nervio?». Sí, se lo quitaron. Y aun así el diente duele, porque el dolor no viene de dentro del diente sino de lo que hay alrededor de la raíz. Entender esa distinción explica casi todo lo demás.

Qué se hizo realmente en aquella endodoncia

Se vació el interior del diente. Se retiró la pulpa infectada, se limpiaron y desinfectaron los conductos de la raíz y se rellenaron con un material que sella herméticamente para que no vuelva a entrar nada. El diente se queda sin nervio, pero sigue anclado al hueso por el ligamento periodontal, y ese ligamento sí tiene sensibilidad. De ahí sale el dolor al morder de un diente endodonciado.

El sellado es la parte que decide el pronóstico. Si queda un hueco, aunque sea microscópico, las bacterias se cuelan y encuentran un espacio sin defensas: dentro de un diente desvitalizado no llega la sangre, así que tampoco llegan las células que combatirían la infección. Un conducto mal sellado es un refugio perfecto.

Las causas, por frecuencia

Bacterias que quedaron dentro

La anatomía de una raíz rara vez es un tubo recto. Hay conductos curvos, ramificaciones laterales, conductos accesorios que no aparecen en la radiografía convencional. Si alguno se quedó sin limpiar, las bacterias siguen ahí y con el tiempo se reorganizan. La inflamación aparece en la punta de la raíz y de ahí sale el dolor, a veces años después.

El diente se ha fracturado

Un diente endodonciado es más frágil. Ha perdido la hidratación que le daba la pulpa y suele quedar bastante vaciado por dentro tras el tratamiento. Una fisura vertical, invisible a simple vista y difícil de ver incluso en radiografía, deja pasar bacterias hacia el interior y provoca un dolor característico: agudo, al soltar la mordida más que al apretar.

Por eso insistimos tanto en poner una corona sobre un molar endodonciado. No es un extra comercial. Es lo que evita que el diente se parta.

Caries nueva por el margen

El tratamiento de conductos no inmuniza contra la caries. La corona o la reconstrucción que cubre el diente tiene un borde, y por ese borde entra una lesión nueva igual que en cualquier otra pieza. Si avanza sin que nadie la vea, alcanza el conducto sellado y lo contamina desde fuera.

El sellado se ha degradado

Los materiales envejecen. Años de masticación generan microfiltraciones por las que entran fluidos y bacterias. Es un deterioro lento y silencioso que no da síntomas hasta que la infección ya está establecida.

Dolor a los años: qué significa

Un diente bien tratado dura toda la vida, así que dolor pasado el tiempo no es normal ni algo que haya que aguantar. Significa que algo ha cambiado, y lo que ha cambiado casi siempre es una de las cuatro cosas de arriba.

Conviene distinguir dos situaciones que se confunden. Una molestia leve las primeras semanas tras el tratamiento entra dentro de lo previsible: el ligamento estuvo inflamado y necesita su tiempo. Un dolor que aparece meses o años después, en un diente que estaba tranquilo, es otra cosa y pide radiografía.

Las señales que no admiten espera

Hinchazón en la cara o en la encía. Fiebre. Mal sabor persistente. Un granito en la encía cerca del diente que drena y vuelve a salir, que es una fístula y significa infección activa buscando salida. Dolor intenso al mínimo roce.

Con cualquiera de estas no se espera. Con una molestia sorda que lleva más de dos o tres días, tampoco conviene esperar mucho más.

Reendodoncia: repetir el tratamiento

Cuando el diagnóstico confirma que el problema está dentro del conducto, la salida habitual es volver a entrar. Se retira el material de sellado antiguo, se localizan los conductos que quedaron sin tratar, se desinfecta a fondo y se sella de nuevo.

Es más laborioso que la primera vez y suele necesitar varias sesiones, porque hay que desmontar la restauración previa y trabajar sobre una anatomía ya modificada. Aun así, en la mayoría de los casos las tasas de éxito de la reendodoncia son altas.

El diagnóstico se apoya en la imagen. Una lesión periapical se ve en la radiografía como una zona oscura alrededor de la punta de la raíz, y ese hallazgo junto con los síntomas es lo que confirma el fracaso del tratamiento anterior. En casos dudosos, un escáner CBCT en tres dimensiones muestra conductos y fisuras que la radiografía plana no revela.

Reendodoncia o implante

La pregunta llega siempre y la respuesta rara vez es automática. Depende de cuánto diente sano queda, del estado del hueso alrededor y de si hay una fractura vertical, que es el único escenario donde conservar deja de tener sentido.

Como criterio general, el diente propio gana. Mantiene su ligamento, su propiocepción y el hueso que lo rodea, cosas que ningún implante dental reproduce del todo. El implante es una solución excelente cuando ya no hay diente que salvar, no un atajo para evitarse una reendodoncia.

Cómo evitar llegar aquí

Corona sobre los molares endodonciados, sin discutirlo. Higiene cuidadosa en el margen de la restauración, que es por donde entra la caries nueva. Nada de morder hielo ni objetos duros con esa pieza, que ya no perdona como antes.

Y revisiones con radiografía, porque la mayoría de estos fracasos se detectan en la placa mucho antes de que aparezca el primer síntoma. Ahí es donde se decide si el asunto se resuelve con una reendodoncia o si ya se ha ido de las manos.

Si tienes un diente tratado que ha vuelto a molestar, aunque sea poco, escríbenos. Cuanto antes se vea la radiografía, más opciones hay de conservar la pieza.

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