Sonrisa gingival: causas y tratamientos para enseñar menos encía

Primer plano de una persona sonriendo de forma espontánea

Enseñar encía al sonreír no es una enfermedad. Merece decirse de entrada, porque la pregunta suele llegar formulada como si lo fuera. Lo que hay es una proporción entre diente y encía distinta de la media, y mientras a unas personas les resulta indiferente, a otras les condiciona cómo se dejan fotografiar y cómo se sienten en una foto de grupo. Solo en el segundo caso hay algo que tratar. Y lo que se trata depende de por qué ocurre, no de cuánto incomode.

Qué se llama sonrisa gingival

Se habla de sonrisa gingival cuando, al sonreír con naturalidad, queda a la vista más encía de la habitual y la proporción entre el diente y el tejido que lo rodea se percibe descompensada. Afecta a hombres y a mujeres por igual. No es un problema de salud bucodental por sí mismo, porque la encía puede estar perfectamente sana, aunque pesa en la autoimagen de quien lo vive así. Y hay grados. Desde una franja algo más alta de lo común hasta casos en los que la encía domina la sonrisa entera y los dientes parecen más cortos de lo que son.

¿Cómo saber si la tengo?

La referencia son unos tres milímetros de encía visible por encima del borde de los dientes, y por encima de esa cifra se suele hablar de sonrisa gingival. Dicho lo cual, el número solo no decide nada: el odontólogo valora la posición de los dientes, la altura del tejido, cómo se mueve el labio y qué proporciones tiene la cara. La sonrisa de foto de carnet engaña. La espontánea es la que informa.

Cuánta encía se considera de más

Depende de con qué se compare. Una sonrisa equilibrada muestra apenas una línea de tejido, y en la sonrisa gingival esa franja se ensancha hasta ganarle terreno al diente. Pero el límite no es universal: cambia con la forma del labio, con la longitud de las coronas y hasta con la edad, porque el labio superior desciende ligeramente con los años. Por eso el análisis es individual.

¿Afecta a la estética dental?

Puede afectar, y conviene no exagerarlo ni restarle importancia. Cuando la proporción se percibe desequilibrada, hay personas que empiezan a sonreír con la boca cerrada sin darse cuenta de que lo hacen, y ese gesto es el síntoma real, más que los milímetros. Quien no lo vive así no necesita ningún tratamiento de estética dental. Por mucha encía que muestre al reírse.

Por qué ocurre

Las causas son varias y no se parecen entre sí: erupción pasiva alterada, crecimiento vertical del maxilar superior, un labio corto o muy activo, o una combinación de ellas. Separarlas importa, y mucho. Cada una se corrige con una técnica distinta. Aplicar la equivocada deja el problema donde estaba.

Erupción pasiva alterada

Ocurre en la infancia. Durante la erupción de los dientes la encía se va retirando hasta dejar la corona a la vista, y cuando ese retroceso se queda a medias el tejido cubre más corona de la que debería. El diente no es corto: lo parece. Es la causa más frecuente y la más agradecida de tratar, porque el origen está en el tejido blando y no en el hueso. Hay un artículo propio sobre cuándo se retira encía por motivos que no tienen nada de estético.

El maxilar superior creció de más

Otras veces el origen está en el hueso. Un maxilar con exceso de crecimiento vertical coloca toda la unidad, hueso y encía y dientes, más abajo de lo que correspondería; al sonreír aparece encía por mucho que los dientes tengan la longitud correcta. Esta es la causa que exige el abordaje más complejo, porque ninguna intervención sobre la encía va a corregir una estructura ósea.

El labio superior

Y hay un tercer grupo. Casos en los que ni el hueso ni la encía tienen nada que ver: un labio superior corto, o con un músculo elevador muy activo, se levanta más de lo normal al sonreír y descubre un tejido que en reposo no se ve. Aquí la boca está bien. Lo que se mueve de más es el labio. Confundir esta causa con un exceso de tejido lleva a retirar encía que no sobraba, y ese error no se desanda.

Tipos

Clasificar sirve para decidir, no para etiquetar a nadie. Los tipos se ordenan según cuánta encía queda expuesta y según de dónde viene la exposición.

La sonrisa alta

Es la que se asocia a un labio muy activo. Se eleva bastante al sonreír y deja ver una franja ancha de tejido. Aparece con frecuencia. Y suele responder bien a tratamientos que no tocan el hueso, lo que explica que sea la variante que más veces se confunde con un exceso de encía.

Según los milímetros

Se diferencia entre leve, moderada y severa en función de la exposición al sonreír. Aunque dos pacientes con los mismos milímetros pueden necesitar cosas distintas si la causa no coincide, y ese matiz se pierde cuando uno se queda con la etiqueta.

Cómo se identifica cada caso

Con exploración y con fotografías de la sonrisa en movimiento. Cuando el hueso está implicado, también con imagen radiológica, que en Cunident se apoya en radiología digital y escáner CBCT 3D. De ese conjunto sale el diagnóstico. No de la foto suelta que trae el paciente en el móvil.

Qué se puede hacer

Las opciones van de lo conservador a la cirugía mayor. La elección no es una cuestión de gusto: la marca la causa, y después el grado.

Ortodoncia

Cuando la posición de los dientes tiene parte de culpa, la ortodoncia reposiciona las piezas y mejora la relación entre corona y tejido gingival sin entrar en quirófano. Es lento, eso sí: se cuenta en meses, no en sesiones.

Gingivectomía

Si lo que sobra es tejido, se remodela. La gingivectomía recorta y perfila la encía para dejar a la vista la corona que estaba cubierta, y el cambio en la proporción se aprecia en cuanto cicatriza. Antes de plantearla hay que tener la encía sana. Si hay inflamación o bolsas periodontales, la periodoncia va primero, sin discusión. El orden importa. Un acabado se nota siempre cuando la base no estaba lista.

Cirugía ortognática

Reservada para el exceso óseo. Reposiciona el maxilar en sentido vertical y resuelve los casos severos. Es cirugía mayor, con planificación conjunta y un postoperatorio largo, así que se plantea cuando el problema lo justifica y nunca como primera opción.

Cómo se aborda en la clínica

Siempre empieza por el diagnóstico. Sin saber de dónde viene la exposición gingival, cualquier tratamiento es una apuesta.

La valoración

En la consulta se mide la encía visible, se revisa la posición de los dientes, se observa el labio en movimiento y se estudia el maxilar. De ahí sale si el caso pide ortodoncia, cirugía de encía, cirugía ósea o una combinación. También puede salir que no hace falta nada. Esa conclusión es tan válida como las otras.

Ortodoncia o cirugía

A veces basta mover dientes. Otras veces la ortodoncia prepara el terreno y la cirugía termina el trabajo. La decisión se toma con el grado del caso delante y con lo que el paciente espera encima de la mesa, porque hay expectativas que ninguna técnica cumple. Ahí la conversación honesta ahorra disgustos.

Después del tratamiento

Lo que sostiene el resultado es aburrido: higiene diaria cuidadosa y revisiones. El tejido gingival responde a cómo se le trate, y una encía inflamada deshace en unos meses el perfilado más cuidadoso. La revisión periódica es la parte barata del tratamiento.

Cómo elegir

Lo que pesa en la decisión

La causa, por delante de todo lo demás. Después, cuántos milímetros se exponen, cómo están colocados los dientes, en qué estado está el hueso y qué tolerancia tiene cada persona a pasar por una intervención. La edad cuenta también. En un paciente joven conviene esperar a que el crecimiento termine.

Cuando se combinan técnicas

Muchos casos no tienen una sola causa. Y entonces combinar da mejor resultado que elegir: ortodoncia para la posición, cirugía para el tejido o para el hueso. Se planifica el orden y los plazos desde el principio, porque hacerlo al revés obliga a repetir pasos que ya estaban pagados.

Qué esperar

Una proporción más equilibrada entre diente y encía. Y una sonrisa que el paciente deja de vigilar cuando hay una cámara cerca. La luz de un probador cambia cómo te ves sin que tú hayas cambiado nada, y algo parecido pasa con la autoimagen: no todo lo que incomoda frente a una pantalla pide cirugía. Lo que resuelve la duda es una valoración, no la foto. Puedes pedir cita en la Calle del Cristo, 2 de Villanueva de la Cañada, o llamar al 91 831 59 77.

Dónde estamos

Clínica Dental Cunident · C/ del Cristo, 2 · 28691 Villanueva de la Cañada (Madrid) · 91 831 59 77

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