Gingivitis o periodontitis: cómo distinguirlas y cuándo preocuparse

Primer plano de una dentadura con las encías enrojecidas e inflamadas en el margen

Escupes después de cepillarte y el agua sale rosada. Al día siguiente, igual. La encía se ve algo hinchada en dos o tres puntos, no duele nada, y por eso la mayoría de la gente deja correr el asunto durante meses. Ahí está el problema. Ese sangrado tan discreto marca la frontera entre un cuadro que se cura por completo y otro que, una vez instalado, ya no se va del todo.

La gingivitis avisa, pero avisa flojo

Es una inflamación superficial de la encía que arranca de la placa bacteriana acumulada justo en el borde donde el diente y el tejido se encuentran. La placa es una película de bacterias y restos de comida. Si el cepillo no la retira, el cuerpo responde. La zona se irrita y se defiende como puede. Es la forma más leve de enfermedad de las encías y también la más común, y pasa inadvertida porque casi nunca duele.

Qué se ve y qué se nota

Encía roja en lugar de rosa pálido. Un abultamiento blando al tacto. Sangrado al cepillar o al pasar el hilo, casi siempre en los mismos huecos. A veces una sensibilidad leve que va y viene. Mal aliento que no se corrige con enjuague, porque la causa sigue estando debajo. Ninguna de estas señales duele lo suficiente para asustar a nadie, y en eso radica su peligro: avisan de una infección activa en un tejido que lleva semanas defendiéndose solo.

Por qué se inflama

La encía se hincha porque está peleando. Las bacterias se organizan en la placa, colonizan el surco que queda entre diente y tejido, y el sistema inmunitario manda sangre y células de defensa a ese punto concreto. De ahí el color, el volumen y el sangrado al mínimo roce. Cuando la placa permanece días sin tocarse se mineraliza y se convierte en sarro: duro, rugoso, adherido al esmalte como la cal del agua pegada en la mampara de la ducha. Un paño no la quita. Y esa superficie áspera retiene todavía más bacterias.

¿Se cura del todo?

Sí, y es lo mejor que tiene este cuadro. Con la placa retirada y una higiene que se sostenga en el tiempo, el tejido vuelve a su estado anterior sin cicatriz ni rastro. Nada queda perdido por el camino. Recuperar una encía con gingivitis cuesta una limpieza y un cambio de rutina en casa, que es bien poco comparado con lo que llega después si el asunto se abandona.

La periodontitis empieza donde la gingivitis se abandona

Cuando la infección deja de quedarse arriba y baja hacia el ligamento que sujeta el diente y hacia el hueso que lo aloja, el nombre cambia. Y cambia el pronóstico. La periodontitis es crónica: se controla, se frena, se vigila de por vida. Lo destruido no se repone solo.

Señales que ya no son leves

Sigue el sangrado y sigue la inflamación, pero aparecen cosas nuevas. La encía se retira y el diente parece más largo. Se nota el cuello áspero al pasar la lengua. Se abren huecos entre piezas que antes estaban juntas. Algún diente se mueve al morder, poco, lo justo para notarlo. Y hay un mal aliento más intenso, distinto, que acompaña al paciente todo el día. Masticar incomoda en las zonas peores.

Qué pasa con el hueso

El hueso alveolar es el alvéolo donde se asienta la raíz, y se va reabsorbiendo en silencio. Al perder altura, entre la encía y la raíz se forma un espacio profundo: la bolsa periodontal. Por debajo de cinco milímetros hablamos de surco, lo normal; a partir de cinco, de bolsa. Dentro no entra el cepillo y tampoco el hilo. Las bacterias que viven ahí trabajan tranquilas, el hueso retrocede un poco más, la bolsa gana fondo. Es tierra que se va con cada lluvia: en un año no se aprecia, en cinco sí.

¿Tiene cura?

No en el sentido que busca el paciente. El hueso perdido no vuelve por sí mismo y el nivel al que ha bajado la encía tampoco se deshace. Lo que sí se consigue, y es mucho, es parar la pérdida: quitar la infección de las bolsas, dejar la raíz limpia y mantener un control periódico que impida que el proceso arranque otra vez. En periodoncia el éxito se mide así, en pérdida detenida y en dientes que siguen en su sitio años después.

Dónde está la diferencia, en una frase

En la profundidad y en lo que se puede recuperar. La gingivitis se queda en el tejido blando y vuelve atrás por completo. La periodontitis ha tocado hueso y ligamento, y eso no se reconstruye con una limpieza. El origen es el mismo en las dos; el desenlace, no.

Cuándo se habla de enfermedad periodontal

Con rigor, cuando la infección pasa del tejido superficial al soporte del diente: ligamento y hueso. La gingivitis se entiende como la antesala. Preocupa y pide tratamiento, pero no ha dejado daño estructural detrás.

Cómo se pasa de una a otra

Despacio. Nadie se acuesta con gingivitis y despierta con las encías retraídas. El sarro se acumula mes a mes, la placa encuentra más agarre en esa superficie rugosa, la inflamación se vuelve costumbre y el tejido cede terreno. Hay quien tarda años en cruzar esa línea y hay quien la cruza en bastante menos, según su genética, el tabaco, la diabetes o la higiene que lleve. No todas las bocas aguantan igual.

Las bacterias son las mismas

En las dos enfermedades el punto de partida es idéntico: colonias que se adhieren al diente y forman placa. Lo que decide el rumbo es la respuesta del organismo y lo pronto que alguien intervenga. Contenida arriba, la infección se resuelve. Si baja, destruye.

Cuándo pedir cita y no esperar a la siguiente revisión

La encía sana no sangra. Ese es el criterio, y es sencillo de comprobar en casa. Lo demás son matices.

Lo que debería llevarte a la clínica

Sangrado habitual al cepillarte. Inflamación que no baja en una semana. Mal aliento constante. Un diente que se mueve. Huecos nuevos entre dientes, o la sensación de que la comida se queda atrapada donde antes no se quedaba. Dolor al masticar en una zona concreta. Cualquiera de estos puntos merece una revisión con sondaje, que es la medición con la que se sabe de verdad cuánta profundidad hay en cada hueco.

¿Sangrar es siempre alarma?

Un sangrado aislado puede venir de un cepillado brusco o de un hilo mal pasado. Pasa. Lo que no encaja en lo normal es que se repita varios días seguidos en el mismo sitio, y menos aún que la encía esté hinchada al mismo tiempo. Con eso basta para pedir una valoración, sin aguardar a que aparezca dolor. El dolor, en las encías, llega tarde: cuando hay flemón o absceso, el proceso lleva ya mucho recorrido.

Lo que se pierde por esperar

Hueso, primero. Después estabilidad, y al final piezas. Perder un diente por enfermedad periodontal trae también una consecuencia incómoda: reponerlo con un implante exige hueso suficiente donde anclarlo, y es precisamente lo que la infección se ha ido llevando. Hay estudios que relacionan la infección periodontal crónica sostenida en el tiempo con problemas cardiovasculares, así que el asunto no se queda en la boca ni es sólo cuestión de estética.

Qué se hace en cada caso

El tratamiento depende del punto de partida, y el punto de partida se mide. No se aborda igual una encía irritada que una bolsa de siete milímetros.

Si es gingivitis

Una limpieza profesional que retire placa y sarro del diente y del margen gingival, y luego lo que de verdad decide el resultado: la técnica en casa. Cepillo adecuado, hilo o cepillo interproximal todas las noches, y vigilar los puntos donde sangraba. En pocas semanas la encía deja de sangrar. Si no deja de sangrar, hay algo más abajo.

Si ya es periodontitis

Primero, raspado y alisado radicular para limpiar la raíz dentro de las bolsas. Cuando quedan bolsas profundas que no responden, la periodoncia dispone de cirugía para reducirlas y acceder a lo que la sonda no alcanza; retirar algo de encía para salvar el diente suena peor de lo que es, y a veces es justo lo que mantiene la pieza en boca. En defectos óseos concretos cabe plantear regeneración. Casi siempre son varias sesiones y un seguimiento que no termina nunca, porque la periodontitis tratada se mantiene o recae.

El cuidado que sostiene todo lo anterior

Ningún tratamiento de encías se sostiene sin lo que pasa en casa entre cita y cita. No es un eslogan. Es la parte menos agradecida del asunto y la que más pesa en el resultado.

Cepillado e hilo, y lo que queda entre medias

Dos cepillados diarios como mínimo, uno de ellos sin prisa antes de dormir. El cepillo limpia las caras del diente y las superficies de masticación; entre diente y diente no llega, y ahí empieza casi todo. Para esa franja están el hilo y los cepillos interproximales. Un seto recortado por fuera puede esconder maleza detrás, y la encía se comporta igual: por delante se ve bien mientras el surco se va llenando abajo.

Cada cuánto volver, y qué hacer con el mal aliento

Una revisión cada seis meses detecta a tiempo lo que no se nota. Quien ya ha tenido periodontitis, o forma sarro con mucha facilidad, suele necesitar intervalos más cortos; eso lo marca el periodoncista según cómo esté cada boca. Si el mal aliento persiste pese a cepillar también la lengua y pasar el hilo a diario, el problema no está en el aire. Está en una infección que sigue trabajando bajo la encía, y conviene que te la miren antes de cambiar otra vez de pasta de dientes.

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