Corona caída o prótesis rota: qué hacer hasta la cita

Manos con guantes puliendo una corona dental con una fresa

Suele ocurrir en el peor momento. Un viernes por la tarde, en vacaciones, el día antes de una comida importante. La corona se suelta al morder un pan o la dentadura se parte al caerse en el lavabo, y de pronto hay que apañarse unos días con la boca a medias. Se puede, si se hacen bien un par de cosas y se evitan otras.

Se te ha caído una corona

Lo primero es no perderla. A diferencia de un empaste, una corona sí se recoloca con mucha frecuencia si llega entera y el diente de debajo está en condiciones. Tirarla a la basura convierte una cita de veinte minutos en un trabajo de laboratorio nuevo.

Enjuágala con agua, sin frotar con nada abrasivo, y guárdala en un recipiente rígido y seco. Una cajita, un bote de pastillas. Nada de envolverla en una servilleta que acabe confundida con basura, que pasa más de lo que parece.

Después mira lo que ha quedado en la boca. Si ves un muñón, ese diente rebajado con forma de cono, la corona se soltó limpia y el pronóstico es bueno. Si lo que ves es un hueco o un trozo de diente partido dentro de la propia corona, se ha fracturado la pieza y el planteamiento cambia por completo.

¿Se puede volver a poner en casa?

De forma provisional y con matices. En farmacias venden cementos temporales para coronas, pensados justo para esto. Sirven si no hay dolor, si la corona encaja sola sin forzar y si no notas nada raro al cerrar la boca.

La regla de oro: si tienes que empujar, no es tu sitio. Una corona mal asentada altera la mordida, y en pocos días eso genera dolor articular o daña el diente de enfrente. Ante la duda, mejor con el hueco.

Nunca uses pegamentos que no sean de uso bucal. El superglue en la boca es tóxico, es prácticamente imposible de retirar después y a menudo obliga a destruir una corona que se habría podido salvar.

Con el muñón al aire

El diente rebajado tiene la dentina expuesta y suele estar muy sensible al frío y al aire. Mastica por el otro lado, evita las temperaturas extremas y cepilla la zona con suavidad, sin dejar de hacerlo. Si el diente tiene endodoncia no notarás nada, pero conviene igual protegerlo: sin corona es frágil y se parte con facilidad.

Se te ha roto la prótesis removible

Aquí el consejo principal es incómodo pero firme: no la uses. Una dentadura partida tiene bordes cortantes que ulceran la encía en horas, y el ajuste ya no reparte bien las fuerzas, así que cada uso empeora la fractura y complica la reparación posterior.

Guarda todos los fragmentos, incluso los pequeños. El técnico los necesita para reconstruir la pieza, y una prótesis con todas sus partes se repara con frecuencia en el mismo día.

Los kits caseros de reparación merecen una advertencia clara. Unir los trozos con adhesivo desalinea las piezas apenas un milímetro, que es suficiente para que la prótesis deje de asentar y para que el laboratorio ya no pueda repararla. Lo que empieza como un arreglo de urgencia acaba siendo una prótesis nueva. Nada de calor, nada de lijas, nada de pegamento.

Si se ha roto solo un diente de la prótesis y el resto está intacto, el arreglo suele ser sencillo y rápido. Si la fractura recorre la base por la mitad, casi siempre significa que la encía se ha reabsorbido debajo y la prótesis lleva tiempo bailando: entonces toca valorar un rebase o una prótesis nueva, porque volverá a partirse por el mismo sitio.

Cuando falla algo sobre un implante

Conviene separar dos cosas que se confunden y que tienen gravedad muy distinta.

Lo habitual es que se afloje o se rompa el tornillo que sujeta la corona, o que se fracture la propia corona. Molesto, sí, pero se resuelve en consulta sin drama: se retira, se sustituye la pieza y listo.

Lo serio es que se mueva el implante en sí. Un implante osteointegrado no tiene ninguna movilidad, ninguna. Si notas que baila, que duele al presionar, que la encía alrededor está inflamada o sangra, eso apunta a pérdida de hueso o a periimplantitis, y no admite espera de semanas. Llama cuanto antes.

Mientras tanto, no fuerces esa zona al masticar y extrema la higiene alrededor sin agredir la encía. Más detalles sobre el mantenimiento en la sección de implantes dentales.

¿Cuánto puedo esperar?

Como referencia razonable, no más de dos o tres días para una corona suelta o una prótesis rota, y el mismo día si hay dolor, sangrado, hinchazón o un implante con movilidad.

El motivo de la prisa no es estético. Un muñón sin corona se contamina y a veces desarrolla caries en cuestión de semanas. Los dientes vecinos se desplazan hacia el hueco, y basta un movimiento mínimo para que la corona guardada en la cajita ya no encaje. Ese es el escenario que convierte una recolocación en un trabajo nuevo.

Reparar o cambiar

Lo decide la exploración, y depende del tipo de rotura, de la antigüedad de la pieza y del estado del diente o del hueso que hay debajo. Una prótesis removible ronda los cinco a siete años de vida útil antes de necesitar recambio, aunque el rango varía mucho según el desgaste y según cuánto se haya reabsorbido la encía.

Una fractura que se repite en la misma zona rara vez es mala suerte: suele indicar que la prótesis ya no asienta bien y que el problema está en el ajuste, no en el material.

Para que no se repita

Limpia la prótesis removible sobre una toalla o con el lavabo lleno de agua. La mayoría de las roturas ocurren al caer sobre porcelana, no comiendo. Guárdala en su recipiente con líquido, nunca envuelta en un pañuelo encima de la mesilla.

Con coronas fijas, cuidado con lo pegajoso y con el hielo, y trata el bruxismo si lo tienes, porque es la causa de buena parte de las fracturas de cerámica. Y revisiones periódicas: el cemento de una corona se degrada con los años y se detecta antes de que la pieza se suelte comiendo.

Si se te ha caído algo ahora mismo, llámanos y te orientamos sobre qué hacer hasta que podamos verte.

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