Cómo avanza una caries y qué se hace en cada fase

Maqueta dental con brackets de colores sobre una mesa de consulta

La caries no aparece de un día para otro. Avanza despacio, capa por capa, y durante buena parte del recorrido no duele nada: por eso tanta gente llega a la consulta convencida de que su problema empezó la semana pasada, cuando en realidad llevaba dos años en marcha. Entender ese recorrido cambia bastante la manera de convivir con la boca de uno.

Qué es exactamente una caries

Es una enfermedad infecciosa, no un agujero que se abre solo. Las bacterias que viven de forma natural en la boca se alimentan de los restos que quedan pegados al diente, sobre todo de azúcares, así como los hidratos de carbono que se terminan transformando en azúcar, y en ese proceso fabrican ácido. Ese ácido ataca el esmalte, lo desmineraliza y lo va dejando poroso.

Todo empieza en la placa bacteriana, esa película blanda que se nota al pasar la lengua cuando llevas horas sin cepillarte. Si se retira a diario, no pasa nada. Si se queda, se organiza, se endurece y se convierte en el sitio perfecto para que las bacterias trabajen sin interrupciones.

El azúcar y el reloj

Aquí hay un matiz que sorprende a mucha gente: importa menos la cantidad de azúcar que la frecuencia. Un pastel entero de una sentada hace menos daño que picotear caramelos siete veces a lo largo de la tarde. Cada toma dispara un ataque ácido que dura unos veinte minutos, y la saliva necesita tiempo para neutralizarlo. Si no le das ese margen, el esmalte nunca llega a recuperarse.

El recorrido de una caries

El daño progresa hacia dentro, atravesando tejidos cada vez más blandos y más sensibles. Cada tramo tiene su tratamiento, y la diferencia entre uno y otro es enorme en tiempo, en coste y en cuánto diente se conserva.

Mancha blanca: todavía hay marcha atrás

La primera señal es una manchita blanca y mate en la superficie del esmalte. No hay agujero. No hay dolor. No hay nada que el paciente pueda notar por sí mismo, y precisamente ahí está el valor de una revisión: en esta fase el proceso es reversible. Con flúor y un cambio en los hábitos de higiene, el esmalte recupera mineral y la lesión se detiene. Ni fresa, ni anestesia, ni empaste.

Cuando entra en la dentina

El esmalte cede y la caries alcanza la capa de debajo. La dentina es más blanda y más porosa, así que a partir de aquí todo va más rápido. Aparece la sensibilidad al frío y al dulce, esa punzada breve que se va en cuanto retiras el estímulo, y ya se aprecia una cavidad. El tratamiento es un empaste: se retira el tejido dañado y se rellena el hueco. Un procedimiento de odontología general, de una sola sesión.

Cuando alcanza el nervio

La pulpa es el interior del diente, donde están el nervio y los vasos sanguíneos. Cuando las bacterias llegan ahí, el dolor cambia de carácter: deja de ser una punzada que va y viene para instalarse, aparecer por la noche y no responder bien al analgésico. Ya no sirve un empaste. Toca una endodoncia, que consiste en vaciar el tejido infectado, limpiar los conductos de la raíz y sellarlos para que la infección no vuelva.

Y si aun así nadie interviene

La infección busca salida. Se extiende hacia la punta de la raíz y de ahí a los tejidos de alrededor, y acaba formando un absceso: una acumulación de pus que hincha, duele mucho y a veces da fiebre. Llegados a ese punto la endodoncia se queda corta con cierta frecuencia y hay que extraer la pieza.

Perder un diente no es solo un hueco. Los vecinos se inclinan hacia el espacio libre, el antagonista de la arcada opuesta se sale de su sitio buscando contacto, y la mordida entera se reorganiza mal. Un problema que empezó siendo una mancha blanca termina afectando a media boca.

Por qué no duele hasta que es tarde

Esta es la parte incómoda. El esmalte no tiene terminaciones nerviosas, así que la primera fase transcurre en absoluto silencio. La dentina ya avisa, pero con molestias tan breves que casi todo el mundo las normaliza con un «es que tengo los dientes sensibles». El dolor claro, el que empuja a coger el teléfono, aparece cuando la caries ya está tocando el nervio.

Dicho de otro modo: el sistema de alarma se enciende en el tercer piso de un edificio de cuatro. Por eso las revisiones no son una recomendación de manual. Son la única forma de detectar lo que ocurre en los dos primeros pisos.

Los dientes de leche también

Circula la idea de que una caries en un diente de leche da igual, total, ese diente se va a caer solo dentro de nada. Es falso. Debajo de cada diente de leche está esperando su relevo definitivo, todavía en formación, y una infección que llegue hasta ahí daña el germen del que viene detrás. A eso se suma un efecto puramente mecánico: si hay que extraer antes de tiempo, el hueco se cierra, las piezas vecinas se inclinan y el definitivo se queda sin sitio por donde salir. En odontopediatría esto se resuelve antes. Selladores de fisuras en las muelas, flúor, y poco más.

Cómo se previene

Cepillado dos veces al día. No debe cepillarse nada más acabar de comer, deben transcurrir esos 20 minutos que comentamos anteriormente. Sin prisa, y sin saltarse la cara interna, que es la que casi todo el mundo olvida. Seda o cepillo interdental a diario, porque entre muela y muela el cepillo normal sencillamente no entra, y ese hueco de dos milímetros al que no llega nadie es justo donde arranca la mayoría de las caries que luego hay que empastar. Lo del azúcar tiene truco: espacia las tomas en vez de recortar la cantidad. Cuesta menos y funciona mejor.

Con eso y una revisión al año, la mayoría de las caries se cazan en fase de mancha blanca. Que es tanto como decir que no llegan a ser caries.

Si notas sensibilidad al frío, ves una mancha que antes no estaba o llevas más de dos años sin sentarte en un sillón dental, pide cita y lo revisamos. Cuanto antes se mire, menos hay que hacer.

Dónde estamos

Clínica Dental Cunident · C/ del Cristo, 2 · 28691 Villanueva de la Cañada (Madrid) · 91 831 59 77

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